Resumen
Este artículo examina, con base en los datos abiertos del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), la ruta que va de la aprobación al desembolso y su relación con la ejecución de inversiones de interés público en Centroamérica y República Dominicana entre 2016 y 2025. A partir de series de préstamos y registros de cooperación, analiza la evolución anual del financiamiento, su concentración por país, la relación entre aprobaciones y desembolsos y la estructura público-privada del portafolio. Además, clasifica proyectos del sector público en ejes de servicio esencial, como agua y saneamiento, energía, conectividad y resiliencia. El artículo adopta un enfoque constructivo orientado a fortalecer la planificación, la transparencia de la ejecución y el papel habilitador de la cooperación técnica y de emergencia. Los criterios de procesamiento y análisis se documentan en un anexo metodológico para asegurar reproducibilidad.
Palabras clave: BCIE; datos abiertos; aprobaciones; desembolsos; ejecución de proyectos; servicio público; sostenibilidad; resiliencia; Centroamérica; República Dominicana.
Introducción
“(…) el BCIE financia y ayuda a implementar proyectos y programas que estimulan el desarrollo económico de los países miembros, al tiempo que apuntan a reducir la pobreza y la desigualdad.”
(Climate Bonds Initiative, 2021, p.11).
La inversión para el desarrollo solo cobra sentido cuando deja de ser una cifra aprobada y se convierte en algo que la gente puede usar: agua, energía, carreteras o capacidades públicas. Entre ese anuncio y ese resultado hay un tramo que rara vez ocupa el centro del debate: el paso de la aprobación al desembolso, y del desembolso al servicio.
Con base en los datos abiertos del BCIE, este artículo examina esa ruta en Centroamérica y República Dominicana entre 2016 y 2025. Analiza dónde se concentra el financiamiento, cómo ha evolucionado y qué tan consistente ha sido el paso entre compromiso y ejecución.
Esa diferencia importa porque incide en la velocidad de las obras, la continuidad de los proyectos y la calidad del servicio público. El texto ofrece una lectura regional del financiamiento, compara el comportamiento por país y revisa el papel de la cooperación técnica y de emergencia.
En los registros del BCIE, la aprobación marca el compromiso financiero de una operación; el desembolso muestra cuánto de ese compromiso empieza a convertirse en ejecución real. Dicho de otro modo: una cartera aprobada habla de capacidad de inversión, pero una cartera desembolsada revela el ritmo con que esa inversión baja al terreno y se traduce en obras, servicios o capacidades públicas.
La diferencia importa. En una región expuesta a brechas de infraestructura, vulnerabilidad climática y alta demanda de servicios básicos, no basta con anunciar recursos: también importa qué tan rápido y con qué continuidad llegan a ejecutarse. Incorporar el análisis del riesgo de desastres al ciclo del proyecto de inversión es clave para construir estrategias de inversión más resilientes. (CEPAL, 2019).
Seguir la ruta entre lo aprobado y lo desembolsado permite observar tres dimensiones esenciales. La primera es la concentración: en qué países se acumula el financiamiento regional. La segunda es la ejecución: qué tan consistente es el paso del compromiso financiero a la implementación. Y la tercera es el servicio público: qué significa ese ritmo para la continuidad de proyectos que sostienen agua, energía, conectividad y resiliencia.
Gráfico 1 – Aprobaciones vs. desembolsos de préstamos por año (2016–2025).
Fuente: Elaboración propia con base en la Plataforma de Datos Abiertos del BCIE, datasets aprobaciones-prestamos.csv y desembolsos-prestamos.csv (17 de febrero de 2026).
La primera lectura del gráfico es directa: entre 2016 y 2025, el BCIE aprobó más recursos de los que desembolsó cada año en Centroamérica y República Dominicana. La brecha no es extraña. En proyectos multianuales, la aprobación marca el compromiso financiero; el desembolso llega después, a medida que se cumplen hitos de ejecución.
La serie muestra además dos momentos distintos. Las aprobaciones crecieron de forma sostenida hasta alcanzar su punto más alto en 2022, con USD 4.29 mil millones. Los desembolsos, en cambio, tocaron su máximo un año después, en 2023, con USD 2.70 mil millones. Ese desfase sugiere que parte del financiamiento aprobado en años previos empezó a materializarse más tarde en la ejecución financiera.
Gráfico 2 – Centroamérica + República Dominicana: aprobaciones vs. desembolsos por país (Préstamos, 2016–2025).
Fuente: Elaboración propia con base en la Plataforma de Datos Abiertos del BCIE, datasets aprobaciones-prestamos.csv y desembolsos-prestamos.csv (17 de febrero de 2026).
El gráfico muestra que el financiamiento del BCIE en Centroamérica y República Dominicana no se distribuye de manera uniforme. En aprobaciones, Costa Rica encabeza la lista con USD 6.79 mil millones, seguida por El Salvador con USD 4.56 mil millones y Honduras con USD 4.51 mil millones. Después aparecen Nicaragua, con USD 3.96 mil millones; República Dominicana, con USD 2.71 mil millones; y Panamá, con USD 2.53 mil millones.
Pero la foto cambia cuando se observa el desembolso. El Salvador, con USD 4.21 mil millones, y Nicaragua, con USD 3.73 mil millones, muestran niveles de ejecución cercanos a lo aprobado. Panamá también destaca por una relación casi cerrada entre compromiso y ejecución: USD 2.53 mil millones aprobados frente a USD 2.50 mil millones desembolsados. Costa Rica, en cambio, exhibe una brecha más amplia: USD 6.79 mil millones aprobados y USD 2.92 mil millones desembolsados.
La comparación deja una idea central: en financiamiento para el desarrollo no basta con mirar quién recibe más aprobación. La pregunta de fondo es qué parte de ese compromiso logra sostenerse en el tiempo y avanzar hacia ejecución efectiva. En otras palabras, el tamaño de la cartera importa, pero el ritmo del desembolso ofrece una señal más cercana del avance real del portafolio.
Visto así, la brecha entre aprobación y desembolso también habla de planificación. Los proyectos de inversión pública no se ejecutan de una sola vez: dependen de diseños, permisos, adquisiciones, capacidades institucionales, cronogramas y gestión de riesgos. Cuando esa preparación falla o llega tarde, el financiamiento se ralentiza, se reprograma o tarda más en traducirse en obras y servicios.
El gráfico no solo ordena países por monto. También muestra que la preparación importa tanto como la magnitud del financiamiento. Una cartera robusta necesita madurez técnica e institucional para que el dinero llegue al terreno y se convierta en servicios públicos sostenibles.
Gráfico 3 – Participación por sector: aprobaciones y desembolsos (Centroamérica + RD, 2016–2025).
Fuente: Elaboración propia con base en la Plataforma de Datos Abiertos del BCIE, datasets aprobaciones-prestamos.csv y desembolsos-prestamos.csv (17 de febrero de 2026).
El gráfico deja una primera conclusión difícil de ignorar: el sector público concentra la mayor parte del financiamiento del BCIE en Centroamérica y República Dominicana. En aprobaciones, el sector público absorbe 93.1 % del total, equivalente a USD 24.72 mil millones, frente a 6.9 % del sector privado, con USD 1.84 mil millones. En desembolsos, la participación pública sigue siendo dominante, con 80.4 % y USD 14.91 mil millones, aunque el peso relativo del sector privado crece hasta 19.6 %, con USD 3.63 mil millones.
La lectura de fondo es relevante para el servicio público. Cuando el financiamiento se concentra en el sector público, suele hacerlo en áreas con impacto directo sobre la vida cotidiana y la actividad económica: infraestructura, conectividad, agua y saneamiento, energía, salud, educación y resiliencia. En otras palabras, no se trata solo de montos, sino del tipo de bienes y servicios que ese financiamiento puede sostener.
Al mismo tiempo, el gráfico muestra un matiz importante: el sector privado gana participación cuando se observa el desembolso. Esa diferencia sugiere que algunas operaciones privadas pueden avanzar con cronogramas más ágiles o con menos fricciones de implementación. No significa que un sector “funcione mejor” que otro por definición, sino que la velocidad de ejecución también depende del diseño del proyecto, de la capacidad ejecutora y de las condiciones institucionales que lo rodean.
Vista en conjunto, la evidencia refuerza una idea central de este artículo: conectar financiamiento con bienes públicos exige mirar no solo cuánto se aprueba, sino también cómo y dónde se desembolsa. Ahí es donde el compromiso financiero empieza a convertirse en continuidad de obras, prestación de servicios e impacto sostenible.
Gráfico 4 – Tasa de conversión a desembolso por país (Centroamérica + RD, 2016–2025).
Fuente: Elaboración propia con base en la Plataforma de Datos Abiertos del BCIE, datasets aprobaciones-prestamos.csv y desembolsos-prestamos.csv (17 de febrero de 2026).
El gráfico compara los desembolsos acumulados con las aprobaciones acumuladas de préstamos del BCIE entre 2016 y 2025. El indicador no mide la calidad del proyecto ni su impacto final, pero sí ofrece una señal útil sobre la continuidad financiera de la ejecución. Su valor está en la comparación: muestra dónde el financiamiento comprometido logró traducirse con mayor consistencia en desembolsos.
Los niveles más altos de conversión se observan en Panamá (98.7 %), Nicaragua (94.2 %) y El Salvador (92.2 %). En estos casos, la distancia entre lo aprobado y lo desembolsado es reducida, lo que sugiere portafolios con una ejecución financiera más alineada con los compromisos asumidos.
En el extremo contrario aparecen Costa Rica (43.0 %) y República Dominicana (45.7 %), con brechas más amplias entre aprobación y desembolso. Esa diferencia, por sí sola, no permite concluir que un desempeño sea mejor o peor. Más bien apunta a calendarios distintos, proyectos multianuales y condiciones de ejecución que no avanzan al mismo ritmo en todos los países.
La lectura de fondo es práctica: cuando los proyectos llegan mejor preparados, con diseños, permisos, adquisiciones, cronogramas y capacidades institucionales más sólidas, el financiamiento tiene más posibilidades de bajar al terreno con menos fricciones. Y cuando eso ocurre, también aumenta la probabilidad de que el dinero aprobado termine convirtiéndose en obras y servicios.
Hablar de financiamiento para el desarrollo no es hablar solo de montos. Es preguntar qué servicios y qué capacidades se vuelven posibles cuando una inversión logra ejecutarse. Por eso, además de seguir el pulso regional de aprobaciones y desembolsos, este apartado mira hacia dónde se orienta el financiamiento público.
Para hacerlo, se clasificaron las descripciones de proyectos del sector público en cuatro ejes de servicio: agua y saneamiento, energía, conectividad y transporte, y resiliencia y gestión del riesgo. La clasificación no mide resultados finales, como hogares atendidos o infraestructura terminada, pero sí permite ver con mayor transparencia qué tipo de prioridades sostiene el financiamiento y cómo se reparte su ejecución financiera.
La distribución sigue una lógica regional reconocible. Entre los ejes temáticos identificados destacan proyectos vinculados con conectividad y transporte, así como servicios básicos como agua y energía, que son condiciones mínimas para la movilidad, la productividad y el bienestar. La resiliencia y gestión del riesgo, aunque menor en monto, aparece como un componente estratégico en una región expuesta a amenazas climáticas y desastres recurrentes: invertir con ese enfoque ayuda a proteger infraestructura, evitar interrupciones costosas y sostener servicios esenciales.
Leído así, el gráfico 5 no solo muestra dónde se coloca el dinero. También sugiere qué modelo de desarrollo se financia: uno que combina infraestructura, servicios básicos y una necesidad creciente de adaptación y gestión del riesgo. El artículo se limita a interpretar esa pertinencia y no a atribuir impactos no medidos
Gráfico 5 – Distribución por ejes de servicio público (Centroamérica + RD, 2016–2025).
Fuente: Elaboración propia con base en la Plataforma de Datos Abiertos del BCIE, datasets aprobaciones-prestamos-sector-publico.csv y desembolsos-prestamos-sector-publico.csv 17 de febrero de 2026.
Gráfico 6 – Cooperación: aprobaciones vs desembolsos por producto (Centroamérica + RD, 2016–2025).
Fuente: Elaboración propia con base en la Plataforma de Datos Abiertos del BCIE, datasets productos-cooperacion-aprobaciones-resumen.csv y productos-cooperacion-desembolsos-resumen.csv.Fecha de descarga: 17 de febrero de 2026
El gráfico muestra una dimensión menos voluminosa que los préstamos, pero igualmente relevante: la cooperación. En términos de monto, su peso es menor. En términos de impacto potencial, puede ser decisiva. La razón es que no solo financia recursos, sino también capacidades, preparación e implementación, es decir, condiciones que ayudan a que los proyectos avancen y se sostengan.
Dentro de esa distribución, la Cooperación Técnica ocupa el primer lugar, con USD 85.9 millones aprobados y USD 54.0 millones desembolsados. El dato refuerza su papel como instrumento para fortalecer capacidades institucionales, preparar proyectos, brindar asistencia especializada y mejorar procesos de gestión que pueden acelerar la ejecución.
En segundo lugar aparece la Ayuda de Emergencia y por Desastres Naturales, con USD 36.2 millones aprobados y USD 30.5 millones desembolsados. En una región expuesta a eventos extremos, esta línea de cooperación tiene un valor estratégico: permite responder con mayor oportunidad y refuerza el enfoque de resiliencia que también atraviesa la inversión pública. Otros productos, como la Cooperación de Países Fundadores y Regionales no Fundadores, con USD 13.7 millones aprobados y USD 9.8 millones desembolsados, muestran aportes adicionales orientados a fines específicos.
La lectura de fondo es clara: además de la ruta financiera de los préstamos, existe otra palanca menos visible, pero importante. La cooperación ayuda a crear las condiciones para que el financiamiento llegue más lejos, ya sea mediante asistencia técnica, fortalecimiento institucional o apoyo frente a emergencias. El gráfico no permite atribuir impactos finales concretos, pero sí muestra que el desarrollo no depende solo del crédito, sino también de los instrumentos que facilitan su ejecución y continuidad.
- La ruta del dinero entre aprobación y desembolso ofrece una señal útil para distinguir entre compromiso financiero y ejecución real, y para entender cómo el financiamiento se acerca al servicio público.
- Entre 2016 y 2025, el financiamiento del BCIE mantuvo un comportamiento dinámico y consistente con proyectos multianuales: aprobar y desembolsar no ocurren al mismo tiempo, por lo que el seguimiento debe mirar ritmos, no solo montos.
- La comparación por país muestra que aprobar más no siempre significa ejecutar más. El tamaño de la cartera importa, pero el desembolso ofrece una señal más cercana del avance efectivo.
- La tasa de conversión aporta un indicador comparativo útil sobre continuidad financiera, aunque no mide calidad del proyecto ni impacto final.
- El sector público concentra la mayor parte del financiamiento, en línea con su papel en infraestructura y servicios esenciales.
- La distribución por ejes muestra que los recursos se orientan sobre todo a conectividad, agua, energía y resiliencia, lo que permite leer el financiamiento en clave de servicio público.
- La cooperación técnica y de emergencia, aunque menor en monto, cumple una función habilitadora: fortalece capacidades, apoya la implementación y refuerza la resiliencia.
- Los datos abiertos del BCIE amplían la posibilidad de seguimiento público y mejoran la conversación regional sobre inversión y resultados.
RECOMENDACIONES
- Incorporar hitos de avance y cronogramas agregados por operación facilitaría el seguimiento público y permitiría identificar cuellos de botella con mayor oportunidad.
- Reforzar la preparación de proyectos y la gestión de implementación ayudaría a reducir reprogramaciones y a convertir el financiamiento en resultados con mayor continuidad.
- Priorizar cooperación orientada a capacidades ejecutoras, preparación de proyectos y resiliencia climática puede fortalecer la continuidad de obras y servicios en una región altamente vulnerable.
REFERENCIAS
- Banco Centroamericano de Integración Económica. (s. f.). Préstamos. Datos Abiertos BCIE. Recuperado el 17 de febrero de 2026, de https://datosabiertos.bcie.org/dataset/prestamos
- Banco Centroamericano de Integración Económica. (s. f.). Evaluación y medición de impacto. Datos Abiertos BCIE. Recuperado el 17 de febrero de 2026, de https://datosabiertos.bcie.org/group/evaluacion-y-medicion-de-impacto
- Climate Bonds Iniciative. (2021). Oportunidades de financiamiento verde en Centroamérica y el Caribe.
- CEPAL (2019). Reunión de expertos sobre inversión pública, cambio climático, gestión de riesgos y sostenibilidad. 6. – https://www.cepal.org/sites/default/files/events/files/nota_conceptual_seminario_28_y_29_mayo.pdf
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* Este artículo fue elaborado para su postulación al “Concurso de Periodismo e Investigación para el Desarrollo – Datos Abiertos BCIE (edición 2026)”.
** Investigador independiente. Doctor en Derecho Económico y de la Empresa (Universidad Internacional Iberoamericana, México). Máster en Sostenibilidad Corporativa. Máster en Hacienda Pública y Administración Tributaria. (UNED-España). Contacto: legal@rmurillovalverde.com
